Casualidades

En febrero de 1993, y tras meses de discusiones con mis padres, que malamente me permitían pisar la calle para ir a clase, conseguí permiso para irme a Copenhague en viaje de estudios. Mis padres me adoran, pero hasta ellos tuvieron que admtir que no podian protejerme siempre, claro que, de ser por ellos, seguirían alimentandome con biberón. El caso es que en la residencia donde nos alojamos habia un chico. Un danés de pelo rizado y ojos marrones ¡El único que había! Para no aburriros, el motivo de su presencia en Copenhague era debido a un curso de reciclaje que tenía que hacer, y del que había estado escaqueandose durante meses, hasta que, finalmente, se habia visto obligado a asistir. Si me hubiera dado por vencida, perdiendome el viaje, y si el se hubiera salido con la suya, perdiendose el curso, no nos habríamos conocido. El no se habría venido a vivir conmigo año y medio despues. No llevaríamos 13 años viviendo juntos. A veces lo pienso y se me pone el vello de punta. Preguntad a cualquiera, han pasado todos estos años y aun me siento como si le acabara de conocer. Estoy tan enamorada que doy asco 🙂

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