Paseando a Mr Olufssen

Ayer tuve una tarde relativamente tranquila en el trabajo, hasta tuve tiempo de tejer un par de vueltas de un experimento que tengo entre manos. Eso fue hasta que llegó un islandés de dos metros y 150kg que se me paró delante del mostrador, basculando sobre la planta del pie como un péndulo, y muy educadamente se dirigió a mí en un mas que correcto español.

Mr Olufssen: Buenas tardes seniora, io soy muuuuuy boracho, y no encuentro mi jafitacion. Puede usted llevar a mi, pofapor?

Yo: Como no, acompáñeme si es tan amable. Es por aquí.

MrO: Muschas gracias seniora, muschas muschas……gracias.

Y: No hay de que, hasta luego 🙂

Y ahí lo dejé después de abrirle la puerta, porque el buen señor no atinaba con la llave.

Y esto es lo que estuve haciendo durante toooda esa tarde, porque el buen señor decidió volver a bajar a por una cañita, y perderse por el camino, unas seis u ocho veces. Sabía bajar, sabía llegar al bar, pero no sabía volver a subir. Eso si, pedía las cosas con una educación exquisita para ser tan grande y estar taaan borracho. Desconozco si consiguió llegar al aeropuerto, o a su vuelo, o a su país de origen. Quien sabe, igual se vuelve a dejar caer por aquí. Porque llegar a la recepción del hotel sabe. Estaré atenta 🙂

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