Tejeda

Hace un año ardió el monte de Gran Canaria. Toda la zona de Tejeda fue pasto de las llamas, y mi corazón de isleña se encogió un poquito. El fuego se veía desde lejos, el humo subía en volutas y se mexclaba con las nubes de una lluvia que se hizo de rogar.

Mis amigos de dLana* me habían enviado una caja con la mejor lana merino española, con instrucciones precisas para que juegue y sueñe. Y soñé con cables y calados. Jugué y me alegré de tener en mi vida gente tan especial. Y nació Tejeda. Un cuello grande y amoroso, y una boina que me abrigará las ideas cuando pueda volver a subir al monte.

    

 

 

 

 

 

 

 

 

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